Sobre una parcela trapezoidal, abierta al pulso urbano y al horizonte doméstico, se alza un edificio concebido como un pequeño paisaje habitable. Su arquitectura nace del equilibrio entre la normativa y el deseo: aprovechar la luz, el espacio y la vida cotidiana, creando un conjunto residencial donde cada vivienda dialogue con el exterior.
El proyecto se organiza en cuatro portales que articulan la vida vertical del edificio mediante ascensores y escaleras que conectan desde el sótano hasta la cubierta. En sus plantas se distribuyen cuarenta y nueve viviendas de dos y tres dormitorios, todas exteriores, abiertas tanto a las calles de Gran Bretaña y Francia como al espacio libre privado que abraza el conjunto.
En la planta baja, además de los accesos peatonales y rodados, aparece un espacio común pensado para la convivencia: jardines, juegos y una piscina acompañada de vestuarios y depuradora. Un interior compartido que actúa como corazón tranquilo del edificio.
La arquitectura exterior apuesta por una imagen contemporánea y sobria: bandas horizontales de ladrillo negro dialogan con planos revestidos en imitación madera y carpinterías oscuras de alto aislamiento.
Así, el conjunto no solo responde a una necesidad residencial, sino que construye una forma de habitar: luminosa, abierta y cuidadosamente integrada en la ciudad.